Tiempo solo para mi…

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Hoy leí esta reflexión de mi querida amiga Javi de LaOtraYo y dije, debo compartirla con mis amigas. Nunca nos detenemos a pensar en nosotras, nos dedicamos a vivir el día pero más que vivirlo es realizar nuestros trabajos y diversas obligaciones, pero nunca nos tomamos dejamos minutos para nosotras, para relajarnos, pensar o simplemente no hacer nada. Espero les agrade esta linda reflexión. 

Lo reconozco, a veces siento rabia de ver que tanta gente tiene tanto tiempo para hacer tantas cosas y yo apenas puedo con mi día. Soy un humano común, que a veces siente que distribuye su día en función de los demás: trabajo, familia, pololo y sería. Muchas veces ¡Muchísimas! extraño tener tiempo a solas y busco estrategias para pasar tiempo “en paz” como le digo yo; a veces ese tiempo lo encuentro en el baño ¡es un tiempo corto pero maravilloso! Pero me cansé y decidí que necesitaba tiempo para mi, cronometrado y de calidad, simplemente porque yo soy la persona más importante en mi propia vida. Si quieren saber cómo lo he logrado, las invito a leer.

En búsqueda del 10% de tiempo para mi misma

¿Quién soy y cuánto hago en el día?

Soy una ciudadana común, con muchas responsabilidades en todo sentido. Llevo la ajetreada vida de adulto que muchos universitarios desean, pero que al vivirla, quisieras devolverte a la sala de clases a estudiar y pasarla bien.

Trabajo 44 horas semanales por contrato, pero lo cierto es que mi trabajo está muy en la contingencia, es muy 24/7 por lo que hace muchos meses no logro despegarme del celular para ver cómo va todo, trabajo en comunicaciones (si trabajas en lo mismo, me entenderás). Entro al trabajo a las 9 de la mañana y tengo una jornada común y corriente de 9 horas. Para poder llegar a mi trabajo y regresarme de él, invierto al menos 1 hora y media más. A eso, le debo agregar el tiempo en que demoro en la mañana en levantarme, ducharme y arreglarme para irme al trabajo, sumémosle 1 hora más. Entre prepararme para el trabajo, trabajar y trasladarme, ocupo 11 horas y media de mi día, el que suele terminar a las 12 de la noche.

Post trabajo, recién tengo “poder de decisión sobre mi vida”, entre comillas porque siempre hay algo que hacer: cumpleaños, ir al supermercado, salir a comprar algo necesario, médico, psicólogo, o una junta con amigas, o juntarse con el pololo a comer, simplemente algo. Y en ese algo se te van por lo menos 2 horas más. Bendita sea yo, que no tengo hijos y tengo “estos algo” casi como lujos, si me comparo con la vida de una humana madre.

Llego a casa y hay que preparar el almuerzo para el otro día, ordenar un poco, tirarte a ver tele un ratito y ya ¡se fue el día! a dormir.

Para mi, el tiempo que paso durmiendo, es casi tiempo perdido. La contradicción se establece cuando reconozco que me encanta dormir ¿o sea me encanta perder el tiempo? No, no precisamente, en el dormir encontré paz, pero la inconsciencia no me permite disfrutar tanto de esto y eso es lo que no me gusta.

Incluso escribir en el blog, difundirlo y encargarme de él, ocupa gran parte del tiempo que como verán, casi no tengo. Como ven, tengo una vida bien común.

Sigue leyendo en LaOtraYO…

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